No basta con el recuerdo

Ilustración publicada en Espoir Nº 72 May. 1963A menudo muchas batallas sociales se dirimen bastantes años después de su conclusión oficial. El golpe de julio de 1936 y sus ulteriores secuelas de dictadura y represión perviven hasta la actualidad, puesto que aún no se han resuelto los estragos ocurridos ni mucho menos se conocen las peripecias vitales que tuvieron que afrontar los que perdieron la guerra civil y lucharon por una humanidad libre, hombres y mujeres del movimiento libertario que aportaron lo mejor de sí mismos, incluida la vida, en un proceso inacabado de revolución social que perdura hasta nuestros días.

La ocultación de los hechos es una práctica habitual por parte de cualquier manifestación de totalitarismo, máxime cuando ahora pinta mal sostener posiciones en apoyo al golpismo militar o las erupciones reaccionarias. Lo más triste del hecho es que todo lo concerniente con la memoria histórica reciente en España, sigue chocando con un velo de silencio oficial adornado de incomprensiones, dificultades, obstáculos y deseos de pasar página como si nada hubiera ocurrido. Es obligación de todos aquellos que se definen como seres que aspiran a ser libres, pelear porque dicho borrón y cuenta nueva no se haga efectivo y porque los resultados de la barbarie del franquismo no queden impunes en ningún aspecto. No sólo es imprescindible la catarsis, si no también no dejar impunes a los responsables y señalar su criminal actuación.

La CNT así como sus organizaciones hermanas son la que más intensa y selectivamente fueron agredidas y dañadas por el golpe fascista del treinta y seis, por ello tiene la obligación y deber moral de poner de manifiesto la dimensión de la obra de sus militantes y el impacto de la represión que sufrieron. Los Pactos de la Moncloa durante la transición trataron de silenciar con una actitud cómplice la gravedad y envergadura de la represión realizada por el régimen franquista a un amplio espectro de la sociedad española, la misma socialdemocracia, el servil tardoestalinismo comunista y los separatismos emergentes contribuyeron culposamente al maquillado y olvido de una represión, que siguió incluso dándose hasta años después por los mismos carceleros, torturadores, jueces, legisladores y demás cooperadores habituales necesarios del franquismo.

No hay otro camino ni otros socios en este proceso que aquellos que no transijan con echar tierra sobre la memoria de todos los compañeros sacrificados, represaliados, torturados y desaparecidos. Es más que una obligación moral, es una cuestión de ética y principios.

La magnitud de lo ocurrido en un momento en el que la generación de los que lo vivieron se agota, debe ser explicada y difundida por los que les seguimos en el tiempo, no basta con aducir desconocimiento o laxitud de planteamientos, bajo ningún punto de vista podemos plegarnos al olvido, al menos en la CNT. Es ahora por tanto cuando corresponde llevar a cabo los máximos esfuerzos para romper esa cobarde opacidad que se quiere imponer, concienciando a toda la sociedad de que lo ocurrido no puede quedar impune. No se trata de practicar simple memorialismo, imprescindible sin embargo en el momento que atravesamos, sino de congregar a las nuevas generaciones en la reivindicación de los hechos y en la reparación de la memoria de los compañeros y familias que lo padecieron, incluso a día de hoy manchada desde el propio poder al impedirse el procesamiento de actores vivos de la represión, con el entorpecimiento de los procesos de investigación sobre la represión franquista, las trabas a la localización de fosas y expedientes relativos a los juicios o informes policiales, y así hasta un largo catálogo de acciones de ignominia y desprecio por los que perecieron, como consecuencia de una demoledora represión durante decenios que algunos se empeñan en perpetuar con planteamientos pueriles que ofenden la condición humana.

No extraña que los descendientes políticos de los que practicaron la represión del franquismo traten ahora de ocultar su actuación, y frenen cualquier proceso de puesta en evidencia de los crímenes que ejecutaron dentro del sistema totalitario de Franco. La misma izquierda tradicional española y los nacionalismos periféricos indirectamente han hecho lo mismo, tratando de lavarse las manos con una infame y humillante Ley de Memoria Histórica promulgada por los socialistas, desnaturalizada además por sus compañeros del parlamento en la acción de gobierno en las comunidades autónomas y en el gobierno central, sea cual sea el signo de los que ostentan el poder en cada legislatura. Asombra que algunos dentro de la organización adopten incomprensibles y cobardes aptitudes que tratan de ralentizar la labor de memoria histórica que realiza la propia organización, banalizando o simplemente tratando de obstaculizar dicho trabajo. No tienen justificación alguna, ni esgrimiendo bajo nivel intelectual ni desconocimiento de la normativa orgánica, posiblemente su lugar sea otro muy distinto al de la Confederación. Lo cierto es que cada vez más se van sumando nuevos efectivos y esfuerzos a la labor de memoria histórica dentro de la CNT, tanto dentro del grupo de memoria histórica, como en los grupos de trabajo de las regionales y en los nuevos proyectos que se van a emprender: es obligación de todos contribuir activamente en la proclama por la memoria de los compañeros que nos precedieron, muchos de ellos perdidos o desconocidos documentalmente.

Descendientes directos, terceras y cuartas generaciones de nuestros compañeros demandan el esclarecimiento de sus trayectorias, su paradero y la reivindicación de su memoria. Hijos, nietos y bisnietos de los militantes libertarios empiezan a sumarse a esta batalla. Lo primero es conocer sus datos y lo que les ocurrió, lo segundo recoger documentalmente los avatares que vivieron y lo tercero darlo a conocer a toda la sociedad, subrayando el significado de su esfuerzo y sacrificio. Del mismo modo, hay que reivindicar con firmeza desde la propia CNT la memoria de todos sus militantes olvidados, sin familiares que los reclamen, ya que ellos dieron todo su esfuerzo y su vida por el objetivo finalista de la organización, luego su familia ideológica por la que dieron todos sus sacrificios no puede ser otra y sigue siendo la misma, la CNT, mal que les pese a usurpadores oportunistas de siglas, historia y memoria viva.

Ilustración aparecida en España Libre Nº 5 Nov. 1945

Por tanto corresponde ahora su plena reivindicación a todos los efectos, rompiendo los obstáculos que en ese sentido impone la administración. Este es uno de los capítulos más delirantes en el proceso de reivindicación de la memoria histórica, por el que el Estado se constituye en juez y parte, tratando de evitar que la misma CNT reclame documentalmente la realidad de muchos de sus militantes represaliados. No se puede bajar la guardia, de los poderes constituidos y de los aspirantes a detentarlo no se puede esperar más que ese tipo de vil comportamiento.

Muchos son los esfuerzos que la organización está desarrollando en el campo de la memoria histórica. Cabe destacar distintos exponentes como la querella en argentina por la represión franquista, en la que la CNT está personada judicialmente como denunciante, las reclamaciones ante el Comité de Naciones Unidas sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias y ante la Oficina del Alto Comisionado para los

Derechos Humanos de Naciones Unidas. En dichas actuaciones la CNT ha aportado contundentes informes con datos de miles de sus militantes que fueron represaliados por el franquismo, del múltiple patrimonio enajenado a sus sindicatos y organizaciones afines o de la represión practicada a familiares. Dichos informes han sido elaborados con informaciones incuestionables procedentes de la base de datos que se está confeccionando al efecto, transmitiendo con rotundidad el parecer de la organización al respecto. La organización también está presente en distintos foros memorialistas, en los que toca cohabitar con organizaciones y grupos que pretenden acaparar y rentabilizar en beneficio propio los efectos de la reivindicación, tal como ocurrió a finales de 2013 en Argentina y sigue ocurriendo habitualmente en España.

La CNT, según los acuerdos tomados, se posiciona activamente acerca de la participación en la apertura de fosas comunes, presencia en homenajes, difusión del proceso en seminarios, conferencias y medios de comunicación.

No basta con la actuación voluntarista, ahora más que nunca es necesaria la implicación orgánica en un sentido profundo. Esta no es una labor exclusiva para expertos, es una labor de todos y para todos, en la que la Confederación está concernida en su conjunto.

Mientras tanto la respuesta estatal sigue siendo invariable: negar la mayor, obstaculizar el proceso en la medida de lo posible y tratar de desanimar, de diferentes formas, a todos aquellos que trabajan por dignificar la memoria de los represaliados del franquismo. El Estado ha sido condenado por diferentes tribunales internacionales y cuestionado en varias ocasiones por la propia Organización de las Naciones Unidas, sigue postergando la ejecución de extradiciones de responsables directos aún vivos, reduce las dotaciones para la exhumación de fosas, plantea numerosos obstáculos para la investigación documental (en el caso de los fondos de la CNT en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, lleva a cabo una maniobra para provocar la dispersión de dichos fondos, lo que podría suponer una pérdida permanente a futuro de los mismos), así como el endureciendo las condiciones de acceso a la documentación localizada en fondos militares.

Desde la FAL el trabajo es igualmente intenso, se participa de forma directa en todo lo expuesto anteriormente, se colabora en la edición de libros y monografías sobre temática de memoria histórica, se concurre a ferias de libros para su mayor difusión, se contribuye a aportar informaciones sobre militantes represaliados a familiares que así lo reclaman, se atiende a investigadores, se concurre a congresos y debates; en fin, se desarrolla un amplio frente de actividad que marca la línea de interés que sobre Memoria Histórica se está generando dentro de la CNT.

Pero como dijo el clásico obras son amores y no buenas razones, corresponde en el día de hoy dar continuidad al trabajo ya iniciado, no desfallecer en el esfuerzo y añadir nueva labor militante a un objetivo que es de todos. La mejora y disponibilidad de medios operativos se muestra cada vez más evidente en dicha labor, no caben aquí perspectivas reduccionistas ni aducir que en el futuro se podrán hacer más cosas, el futuro está aquí y no admite dilaciones.

Esa es nuestra obligación.

Extraído del boletin de la Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo de Abril 2014.