La defensa de nuestros derechos. Motivos del Rechazo al I Convenio de Empresa de Carglass

Desde la sección sindical de CNT Guadalajara en la empresa manifestamos nuestro rechazo absoluto a este Primer Convenio Colectivo de Empresa. Este acuerdo no es un avance, sino la confirmación de lo que son en esencia los convenios firmados bajo el modelo sindical institucional y reformista: un pacto de sumisión que legitima la explotación y garantiza la paz social para que la patronal continúe extrayendo plusvalía sin resistencia efectiva de la clase trabajadora.

Bajo una subida salarial para 2026 irrisoria, completamente desconectada de los márgenes de beneficio empresariales y del coste real de la vida, se pretende vender como progreso lo que es una pérdida de poder adquisitivo encubierta. El artículo 21 impone una falsa voluntariedad para trabajar los sábados. Esta supuesta voluntariedad es una ilusión y una burla a la inteligencia de la clase trabajadora, ya que en un taller pequeño de 8 personas resulta matemáticamente imposible que sean voluntarios.

Aunque el convenio venda un sistema de adhesión «voluntaria» en noviembre, la trampa legal está explícitamente redactada en el punto 5 del artículo 21:»En el supuesto de que no haya voluntarios suficientes para garantizar la apertura… será la empresa la que designará a las personas trabajadoras que deberán acudir».

Si el taller abre todos los sábados del año menos los festivos (unos 47) y solo hay 8 trabajadores, la necesidad de cubrir el servicio hará que la cuota máxima de «21 sábados laborables al año» por trabajador se agote casi obligatoriamente. Este convenio impone el trabajo en fin de semana y te hace creer que lo eliges. El pago de 100 euros brutos por sábado a partir del 16º trabajado no es un incentivo, es una compra barata del tiempo de vida: del descanso, de la conciliación y de la vida familiar.

Flexibilidad y modificación de jornada: el trabajador pasa a ser un recurso «de usar y tirar». El convenio se atribuye el derecho de socializar los riesgos de mercado y cargar las fluctuaciones productivas sobre los cuerpos y las vidas de la plantilla, ampliando la jornada diaria hasta las 8,5 horas o reduciéndola a 6 horas basándose en circunstancias productivas (como los ratios de «OPTI» o días de servicio). Tú no controlas tu tiempo; eres un grifo que la empresa abre o cierra según le convenga para mantener sus márgenes de beneficio. Por lo tanto, es un claro ataque a la conciliación: con un ridículo preaviso de 5 días laborables, la empresa puede desbaratar cualquier plan de vida. Esta medida garantiza que el trabajador viva en un estado de permanente sumisión a las necesidades del capital.

Además, mediante la compensación con horas de descanso (regularización), la empresa se garantiza no pagar horas extra. El trabajador produce más cuando la empresa lo necesita y simplemente “recupera” su tiempo cuando ya no le resulta rentable. El tiempo de vida se devalúa a coste cero.

El convenio también está diseñado para neutralizar cualquier respuesta colectiva. La Comisión Paritaria de Interpretación y Vigilancia obliga a canalizar cualquier conflicto por vías institucionales, alejándolo de la asamblea y de la acción directa. Si no hay acuerdo, todo deriva al SIMA, burocratizando y enfriando cualquier posibilidad de lucha.

Se consolida así un modelo de control en el que el poder real se concentra en una estructura cerrada de delegados y “liberados sindicales”, cada vez más alejados de la realidad de los talleres. Este aparato firma la entrega de la flexibilidad de jornada y de los sábados a cambio de concesiones mínimas, mientras la plantilla asume la carga real del sistema.

No es un convenio de mejora: es un mecanismo de disciplina laboral y de pérdida de derechos. Una nueva vuelta de tuerca en la subordinación de la clase trabajadora a los intereses empresariales.