Aunque no podamos decir que nos encontramos en las postrimerías del capitalismo, sí que podemos asegurar que este avanza lentamente hacia su fin debido a su ansia de crecimiento infinito a un ritmo cada vez más depredador. Presenciamos como sobrevive en una crisis perpetua, mientras sus marionetas políticas solo generan crispación y división en la clase trabajadora. Los políticos, sin importar sus siglas, solo contribuyen a perpetuar la diferencia de clases que caracteriza a este sistema buscando su propio beneficio mediante promesas vacías que nunca se cumplen. Mientras nos distraen con su circo paternalista, la clase obrera se convierte en mera observadora sin poder participar de la vida política perdiendo derechos año tras año, y siendo reprimida por los cuerpos represivos del capital: la policía.
Desde la CNT reivindicamos la unidad de toda la clase trabajadora para luchar por la mejora de nuestras condiciones de vida: vivienda digna, sanidad pública, conciliación real y reducción de la jornada laboral, entre otras. No podemos esperar a que los políticos y los sindicatos del régimen —esos que desmovilizan a la clase obrera— pacten con la patronal para entregarnos las migajas de sus grandes mentiras. Es hora de tomar las calles y llenarlas de lucha para conquistar nuevos derechos y libertades.
La clase trabajadora debe tener claro quién es su enemigo: el fascismo, la patronal, las religiones y los políticos que bailan a su son, y no las personas migrantes o que no encajan en su mundo blanco heteropatriarcal perfecto que ayudan a construir un mundo mejor. Quienes estamos aquí tenemos el deber de combatir a todos ellos para transformar esta sociedad, hoy envenenada por los odios que ellos mismos siembran y que solo pretenden dividirnos y enfrentarnos entre iguales.
Denunciamos a los políticos y empresas que promueven la guerra para hacerse con el control de los recursos del planeta, enriqueciéndose a costa de las vidas de nuestra clase. Como siempre unos hacen la guerra para llevarse los beneficios mientras otras ponen los cuerpos y se dejan la vida a cambio de nada. Debemos luchar por la desmilitarización de la sociedad y echar a los militares y policías de las aulas, los tajos donde han sido introducidos como el sector de la lucha contra incendios forestales, y de la vida social, pues ocupan cada vez más un espacio enorme en los medios de comunicación. Nos oponemos al gasto militar, y por eso animamos a la población a realizar la objeción al mismo, así como exigir a nuestro gobierno el desmantelamiento progresivo del ejército e industria de guerra transformando esos puestos en trabajos útiles para nuestra sociedad.
Los crímenes contra la humanidad y la devastación de nuestro planeta y las especies que lo habitan son solo posibles gracias al mantenimiento de ejércitos y maquinaria de guerra, por eso exigimos además la inminente salida de la OTAN. Nuestro lugar está junto a esa clase trabajadora que sufre las consecuencias del capitalismo y el imperialismo en oriente próximo, en Europa del este, en el Sahara y resto de África o en cualquier otro lugar del globo por la avaricia y la codicia de unos pocos que está llevando a este planeta y la humanidad hacia la destrucción y la extinción.
Desde la CNT no mendigamos derechos a los gobiernos; exigimos a la población conciencia de clase. Instamos a la lucha por la mejora de las condiciones de vida allí donde siempre se han ganado las libertades: en la calle.
¡POR UNA CLASE OBRERA UNIDA, INTERNACIONALISTA Y ANTIFASCISTA!
